Al principio estaba el furor por el internet, pero eso se acabó junto con los 90. Empezadito el nuevo milenio sentí que eso ya no era divertido, y casi como guardando luto por la muerte del Napster, dejé las computadoras de lado y me dediqué a otras actividades papamoscas variadas. Tan así fue, que de entonces y hasta la mitad de la carrera mi relación con ellas se manejaba sólo en tres niveles: escribir tareas, googlear las tareas que me daban hueva para hacerlas parecer escritas por mí y jugar solitarios para evadirme de los dos niveles anteriores. Nada más. Luego vino el blog, y vino justo mientras buscaba algún trabajo hecho para no hacerlo yo. Por ese tiempo, además, me conseguí una beca-de-infierno para trabajar en la universidad a cambio de cacahuates, sonrisas y un cheque-insulto que me puso de nuevo frente a la computadora todas las mañanas de todos los días. Lo nuestro, eso terminado en los 90, volvió a comenzar.
El blog era grandioso en sus (y quiero decir, claro, nuestros) inicios. Ya no lo es.
Si me pongo a pensar en esto es porque cuando le enseñé a Carolina el twitter me dijo "pero es como para gente que se la pasa en la computadora" con el mismo desdén con el que me dijo que esa mamada qué cuando le enseñé el blog.
El twitter me deja ese gusto a buena y vana diversión mientras paso todas las horas que paso, y de cualquier forma pasaría, en la computadora, como antes el blog. Tiene ese saborcito a inmediatez, a sinceridad, a simpleza, a estarlo pasando bien.
El blog era grandioso en sus (y quiero decir, claro, nuestros) inicios. Ya no lo es.
Si me pongo a pensar en esto es porque cuando le enseñé a Carolina el twitter me dijo "pero es como para gente que se la pasa en la computadora" con el mismo desdén con el que me dijo que esa mamada qué cuando le enseñé el blog.
El twitter me deja ese gusto a buena y vana diversión mientras paso todas las horas que paso, y de cualquier forma pasaría, en la computadora, como antes el blog. Tiene ese saborcito a inmediatez, a sinceridad, a simpleza, a estarlo pasando bien.
Sí, es diferente, cuando empecé con esto estaba segura que nadie lo iba a ver jamás, porque no, qué indignidad. Después algunos amigos conocieron el blog y yo conocí por el blog a algunos amigos. El twitter me viene más como un chiste local, como un buen chiste local que me entretiene, que me da el placer voyeurista inmediato y breve de personas sobre las que hace tiempo sé, que de pronto me emociona, que me nostalgia, como ahora, también.
Este Impecable y Diamantina, que su nombre hermosísimo siempre me lo pareció y es lo único que aún sostengo, me dio personas con las que de otro modo no me iba a topar y que ahora agradezco como lo que más, me dio viajes, encuentros, momentitos breves y momentitos más largos, me dio el placer del drama, me entretuvo y todo lo demás que ahora el twitter, pero, y ni siquiera sé cuando, se acartonó. No quiero decir que se acabó (no sería cierto, además, me conozco, me sé).
No sé si valga contar como nostalgia verdadera esto que me viene hacia los tiempos perdidos en la computadora, este sentimiento ante los años del blog. Tal vez sea sólo esa picazón que se despierta ante la parodia del eterno retorno.
Sé que algo es. Sé que algo hay.
El rey ha muerto. .bmp)
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Que viva el rey.

Diche
Andrómeda siendo 5/20/2008 10:07:00 PM