domingo, septiembre 05, 2004

Los días inútiles

(Local, muy local, desagradablemente local)

6 horas en la sala en contemplación, dibujitos en el brazo, bee right back, que tit significa tit, postales de méxico -no usamos indumentarias españolas, un rizo no cuelga en nuestra frente, no hacemos fiestas con foquitos en las calles todos los días y a todas horas y nunca pero nunca recibimos a nuestros familiares con la canción de Desperado-, hablar en perico y al fin la televisión usa sus influencias y convence de la necesidad de comprar una pizza.

3 horas en el comedor, nadie va por el teléfono, nadie va a lavar los trastes, nadie tiene dinero, pensándolo bien nadie tiene hambre pero la televisión dijo que tiene que haber pizza.

Apenas 15 minutos en la sala, ya se logró la pizza aunque nadie tiene dinero, ni hambre y lo único que hay aquí son pijamas y calor.

Se llega la hora de las reflexiones profundas ¿por qué las palabras invierno e infierno son tan parecidas? y yo, en silencio, me pregunto ¿por qué, a pesar de todo, no encuentro pruebas contundentes de que estoy desperdiciando mi vida?

2 comentarios:

Alguien dijo...

ey! ya no te voy a poner post-its! mejor hago uno en mi blog.

Abominable Mario Flores dijo...

En efecto, tu último post es local, incomprensiblemente local. No particularmente abierto al comentario externo: una desgracia. Pero hey! Ahí tenemos que te preguntas el por qué de la semejanza entre las palabras invierno e infierno. Yo no tengo la respuesta, pero aventuro que podríamos preguntarles a las palabras cajeta, carreta, caseta, caleta, careta, cadeta, porque me huelo que saben algo. Más allá voy, y aventuro incluso que, cuando los antiguos hispanos estaban armando lo que llegaríamos a conocer el castellano, con mucho de latín, un poco de voces autóctonas, saliva y alambres, se preocuparon por las generaciones venideras de hispanoparlantes; que, sufriendo de bloqueo de escritor, recurrirían al diccionario por ayuda para superarlo.
Así, los futuroconcientes protohispanos decidieron incluir un código secreto en su nueva lengua, que les parecía que prometía tanto: Colocaron lugares comunes literarios en todas aquellas palabras que sólo diferían una letra entre sí. Tú descubriste el código entre invierno e infierno, muy útil para cuando los escritores bloqueados pasaban por áreas tormentosas de su alma y andaban sintiéndose un poco darquis. Yo, por mi parte, he descubierto el código que los escritores bloqueados utilizan cuando quieren probar la cajeta de Celaya, pero no tienen para pagar en la caseta el peaje de su carreta, por lo que la cadeta de la caseta les cuelga la careta. Pobres, no pueden llegar a Celaya, mucho menos a Punta Caleta. Claro, el código que yo descubrí se utiliza mucho menos frecuentemente que el por ti descubierto.
Tal es mi teoría. Mario Flores es mi nombre. Nuevo en el mundo del blog es mi descripción. Amigo de Tamara es mi carta de presentación. Ella me recomendó tu blog, la recomendación de amigos en esto fue mi petición. Y es grande mi pasmo al ver lo interesante, impecable y diamantino que es tu blog.
Date una vueltecita por el mío, que apenas está empezando y está chiquito. Quién sabe, a la mejor hasta te caigo muy mal.
Y perdón por no darte una prueba contundente de que desperdicias tu vida, al mostrar interés en ella. Con el tiempo, tal vez, si la amistad surge entre ambos, pueda darte la prueba contundente que deseas. ¡Quién sabe! Podría acabar orillándote al suicidio.