miércoles, abril 13, 2005

Mi vida con Sarita

Hay una película cuya protagonista es una señora que tiene una cabra. No sé de qué trate, pero a la mujer se le veía muy feliz.

Esto es definitivo: a mi vida le hace falta una cabra.

Mi cabra se llamará Sarita. Viviremos felices juntas. Estará todo el día dentro de la casa. Por las noches Sarita se echará a mis pies y estos amanecerán siempre llenos de baba. ¡Qué linda imagen! Cuando me enoje porque se comió la colcha de flores que acabo de comprar (de las de catálogo que anuncia Andrea Legarreta) la llamaré ¡Sara! y ella, comprensiva de mi rabia y apenada por su error, se irá a recluír todo el día en su corralito. Luego la perdonaré: cariñitos y palabras lindas, "ya, ya, Sarita, no es tan importante", "beeee, beeee" (o ¿cómo es que hacen las cabras? No importa, Sarita hará "beeeee") y así será siempre nuestra relación, sin rencores, comprensiva, infinitamente amorosa, beee, beee. Qué buen plan. Maravilloso futuro, perfección, mucho amor.


Sarita, te llamabas Sarita. Y ya con nombre ¿cómo no quererte?Posted by Hello

(Plan sujeto a cambios por fobias de terceros)

15 comentarios:

Malakatonche dijo...

El complejo "Heidi de la Pradera" queda oficialmente acuñado.

Quiero un armario tapizado con panecillos blancos.

Aldebarán dijo...

Que me he acordado de una cabra llamada Amalthea!!!!!... pero bueno tal vez no tenga nada que ver... yo ya he vivido muchos años con animales asi que no creo necesario ni un solo ché gato en mi oscura, fría y solitaria casita cuando viva solo... si es que llego a hacerlo. y para mi no es un complejo... son depravaciones.final

es mi nombre Berenice dijo...

Pero... seguro va a oler feo y se va a comer tus libros. Reconsidéra la felicidad.

Aplica algo así como "Graciela, estás más loca que una cabra"

'-.-' dijo...

jaja, excelente

Sabina dijo...

Se oye tan tierno cuando dices "Sarita".

Luis Ricardo dijo...

Tu cabra cagó mis cuadernos de dibujo y me dio un tope en los cojones.
Se oye tan tierno cuando Gema dice Sarita.

Andrómeda dijo...

Se oye tan tierno cuando tú dices "cojones". También se oye tierno cuando el ratoncito de un cuento americano se baja del barco y pregunta "¿son gaviotas?". Sarita es muy educada. No haría esas cosas.

Niche, últimamente todo huele feo así que no sería novedad. "Tan loca como una cabra" "se te saltan las cabras" y muchos chistes así se podrán hacer a propósito de mi vida con Sarita. Es cierto, pero nimodo.

Malakatonche y Eric, ¿panecillos blancos? ¿gato? Nah. Cabras, cabras es lo de hoy.

Daniel M. dijo...

Una cabra!!...mira que no se me había ocurrido idea así, pero a ti si. No me vendría mal, dogo 8perros, 2 gatos, 2 hamsters, 2 pericos australianos, 1 cotorro y 1 hermana...me cambiarán la hermana por una cabra???????

Anónimo dijo...

Depende. ¿Qué tal da leche tu hermana?

Abominable Mario Flores dijo...

Mira, Daniel, la verdad es que ese de allá arriba fui yo pero se me hacía muy manchado el comentario, pero a la vez pertinente.
Pero bueno, ya lo confesé y ahora pueden todos comenzar a comentar "qué pendejo es Mario".

Tony dijo...

Un tal Mario:
Se supone que el post es sobre una cabra llamada "sarita" no de ti...
:P

Me gustan las cabras, se me hacen tiernas... pero pegan fuerte las condenadas!!
Y no me gusta comer cabrito.

Daniel M. dijo...

Pues mira que no sé un tal mario, y dicho sea de paso no me interesa saberlo. Bueno al menos es de admirarse la reparación "moral" que has de haber efectuado para no esconderte en el anonymous, ahora que por otra parte despiertas sospechas...

Abominable Mario Flores dijo...

Sí bueno ya, perdón, perdón.
Sarita es una gran cabra.

Andrómeda dijo...

Qué cosa. Mario resultó no ser tan mala persona como él pregonaba.
Sí, esto es un poco nomás por no dejar que el último comentario sea el 13.

Aurora Boreal dijo...

Pues sí, al parecer las cabras hacen de tu vida un paroxismo de felicidad... Hace unos días vi a un niñito con mirada tierna sentado afuera de su casa, muy orgulloso presumiendo sus tres cabritas. Las pobres no se veían muy bien: malnutridas, amarradas del pescuezo y sin poder moverse.
Pero el niño, ¡ah, el niño! Pura felicidad.
- ¿Las vendes?- le preguntó un chamaco
- No, estas no se venden...

... Ni modo, igual y hubiera sido un buen regalo...