lunes, septiembre 18, 2006

Mi casa es tu casa

Entro en pánico.

Se acaban, se empiezan y yo apenas voy despertando. Es como un temblor fortísimo cinco minutos antes de que suene la alarma para empezar con la rutina; para cuando logres espabilarte por completo ya todo habrá cambiado.

O tal vez no. Todos mienten. Quizá sólo es el sueño de caer en un precipicio y despertar con sobresalto a asegurarse que el lo de siempre sigue en pie.


Para poder explicar por qué me gusta el error necesitaría una regla transparente de 30 centímetros, tijeras de punta chata, varios plumones del mismo color y toda su atención, como nada de esto tengo, me limito a los ejemplos.

Mi monitor pequeño, el rostro de la perra con su ojo afectado mirándome atentamete para convencerme de que le rasque la oreja, dormir días enteros, la tristeza, la sonrisa de dientes chistosos, mi segundo nombre, el amor a una hibakusha, yo. Los prefiero porque son reales, pero que no quieran mentir con que son lo que no son.


Puedo creer en todo, pero mi fe nunca ha tenido el don para materializar esperanzas. Los fines defines y los empiezos no van a llegar.

Apenas voy despertando y ya me sorprende ver cómo todo sigue, tic tac, tic tac, cuánta indiferencia, cuánta tranquilidad.

Aún así entro en pánico.

Salgo en pánico.

Ahí vivo yo.

24 comentarios:

Daniel M. dijo...

Talk tonight

Coffee Girl dijo...

Wow...
Me sorprende tu capacidad para explicar, para describir y compartir un estado.
Siempre es un placer leerte.

Saludos.

Gran Fornicador dijo...

"the point is to try to keep in a state of constant departure while always arriving"
...o algo así.
de cualquier forma, que demonios es una habikeshi o lo que sea?

Fosfocito dijo...

Sea lo que sea, no es Kosher

Trompetista de Falopio dijo...

Yo también vivo en el pánico y en el error, pero no se lo cuentes a nadie. ¿Cuál es tu segundo nombre? Dicen las malas lenguas que es Cucaflor.

Sólo Soy Un Ojo dijo...

Si Espanto me mirara con cara de “ráscame la oreja”, lo más humano que podría hacer por el, seguramente seria darle alka seltzer con leche.

Por cierto eso del tic tac tiene solución: un reloj digital.

Saludos.

Fosfocito dijo...

Leybirosel, acaso??

Anónimo dijo...

sobre hibakushas...

MALA SUERTE

Alan E. Mayer

Me despertó el dolor lacerante en todo mi cuerpo. Abrí los ojos y vi a una enfermera parada al lado de mi cama.

“Señor Fujima,” me dijo. “Ha tenido la suerte de haber sobrevivido al bombardeo de Hiroshima hace dos días. Pero ahora está a salvo aquí en el hospital.”

Débilmente, pregunté, “¿Dónde estoy?”

“Nagasaki,” me contestó.

Anónimo dijo...

Me atrevo a comentarle que se extrañan sus textos!

Vuelva pronto.

Alejandro dijo...

I
Un narrador

En general se podría decir que ando bien, pero mi ánimo está un poco ciclotímico. En cuanto a lo del embarazo, a veces me agarra algo raro, pero creo que ya pasa. Me sirvió para darme cuenta de algo: estoy grande y la vida se pasa rápido. Entonces que hago? Por ahora suspendí el conservatorio, esto no lo sabe nadie, ni Manuel, ni Celeste. Tengo la sensación de que no puedo perder un minuto, así que lo que hago es tratar de perder el mayor tiempo posible profundizando en ciertas ideas. estoy durmiendo casi siempre de día y escribiendo de noche, y fumando bastante. Y tomando bastante también. Voy a Warhol, un bar de acá cerca, me tomo una cerveza y vuelvo a casa a escribir. La idea para la “novela” es ésta:


II
Diógenes

“A veces nos pasan cosas que nos ponen mal. A veces, SOMOS cosas que nos ponen mal. Y nadie se da cuenta, o, según creo yo, se hacen los boludos. Esos estados no pueden expresarse, o son harto difíciles de expresar. Lo que quiero decir es que percibo algo que nunca dijiste. Algo triste que nunca decís. Algo, y espero equivocarme, demasiado oscuro para que puedas decirlo. Y yo se como se siente eso, lo vivo casi a diario porque soy insoportablemente sensible al soporífero dolor del mundo. De mi mundo. Estoy lejos de poder ser incondicional con vos. He actuado como una mierda mil veces en mi vida y voy a seguir haciéndolo. Pero juro por mi ateísmo enfermo que voy a serte sincero cada vez que pueda. Y a rezar a tu idea de dios porque eso no te lastime.”


III
Los nacidos del viento

Esa mañana de agosto el frío era penetrante, y los Nacidos del Viento dejaron de lado por un momento sus interminables debates acerca de la mejor manera de asesinar a sus padres, para amontonarse contra el vidrio helado y empañadísimo de la ventana, tratando de obtener su ración diaria de belleza, es decir, observar como Juana salía de la casa de al lado rumbo al colegio. Y que se entienda el término “observar” como el hecho de efectuar una minuciosa, exhaustiva exploración visual en la que también intervenían oscuros componentes de otros sentidos, aún más abstractos e intrincados que la sola capacidad de mirar.

Para Diógenes, el mayor, Juana se resumía en la luminosidad que despedía su rostro, enmarcado en una cascada de cabello rubio. Tres tonos de rubio, para ser exacto. Tres rubios diferentes entrelazados como amantes, que se mostraban con cierta superioridad de uno sobre el otro, según la manera en que el sol invernal derramara sus rayos sobre Juana, mientras caminaba decidida por el jardincito delantero. Y con cada paso, era distinta.
Diógenes había decidido que el rostro de Juana era casi color porcelana, y le atribuía la armonía y fragilidad de esa materia también a la forma en que éste estaba constituído, con los pómulos ligeramente marcados, la nariz no muy pequeña pero delicada, las mejillas que dejaban entrever la posibilidad de formar hoyuelos en el caso de que Juana sonriera, los labios inocentes, pequeños y poco sensuales, pero enriquecidos con una expresión sazonada de ironía, quizás situada en algún lugar de sus comisuras, más que en los labios mismos.
Pero lo que más le significaba algo a Diógenes de ese brillante conjunto de rasgos, eran, sin duda, los ojos de Juana. Esto le parecía poco original y hasta le molestaba un poco el hecho de que fuera así, pero, ¿cómo podría ser de otra manera? ¿Cómo no adorar ese color, tan intensamente...espiritual, diría él, ese azul extravagante, furioso? Imposible, al menos para alguien como Diógenes.
El resto de su Juana se le aparecía simplemente bonito, y no necesitaba más que eso, puesto que ningún otro atributo era para él necesario cuando algo era lisa y llanamente así. Lo que Diógenes pensaba ya cuando ella estaba alejándose por la vereda, era cuánto de perfección había en esa simpleza, y por sobre todo, cuánta luz en aquel rostro que cada mañana, incansablemente, se dedicaba a estudiar con admiración y placer.

Ernesto vendría a ser dos años menor que Diógenes según la manera ordinaria en que contamos el tiempo, pero, según el punto de vista de un Nacido del Viento, era mucho más viejo que su hermano, y ya conocía un par de las verdades fundamentales de su raza, cosa que el otro se empeñaba en desatender por completo, puesto que a veces solía creerse un ser humano corriente. Quizás por ésta conciencia de su condición de extraño en el mundo, lo que más le gustaba a Ernesto de Juana era la forma en que sostenía su violín, aunque también podría interpretarse el asunto al revés, y determinar que éste tipo de gustos estéticos era lo que le otorgaba a Ernesto esa condición...
Pero es que Juana llevaba su instrumento de una forma tan bonita!; bajo el brazo derecho, abrazándolo con determinación, guardado en su estuche negro muy opaco. Le quedaba bien, el violín. Hacía juego con su ropa de colegio para nuevos ricos, pero, sobre todo, pensaba Ernesto, la elevaba por sobre una mediocridad en la que se revolcaban todas esas chicas de ese y todos los putos colegios que él conocía. No había nada vulgar en la Juana de Ernesto; y en esto, pero solamente en esto, se emparentaba con la de Diógenes, porque al contrario que a su hermano, la veía físicamente intransigente, pero no podía evitar enamorarse de la música que sugería ese violín, música que revoloteaba alrededor de Juana y que Ernesto creía escuchar, y escuchaba, cada mañana desde el día en que los Nacidos del Viento descubrieron la existencia de su vecina.

La observación se realizaba siempre en silencio, peleando literalmente codo a codo por un centímetro más de ventana empañada. Pero esa mañana ocurrió algo poco habitual, que rompió con el encanto que representaba para los dos su ritual: sonó el teléfono.








IV

Juana


Heroína: Nieva, boludo, nieva. Esto DEBE ser miedo.
Julián: (riendo) sos una puta, sabés?
Heroína: por qué decís eso? Tengo concha, y vos no te das cuenta de nada. No ves cómo nieva? No ves que esto debe ser miedo?
Julián: Le tenés miedo a Ernestito y a Diógenes, no? Ya te diste cuenta de quienes son.
Heroína: Le tengo algo a la nieve que debe ser miedo. A los nacidos del viento sabés bien que los admiro.
Julián: que dijiste!? Entonces vos sabés, en serio que sabés, putita!
Heroína: si dejaras de pensar en mi concha por un rato te hubieses dado cuenta que hace mucho que lo sé. Lo sabía antes de que vos empezaras con tus investigaciones de cuarta.
Julián: …
Heroína: Nieva, boludo, nieva y esto es miedo, seguro.
Julián: Sabés que todo es culpa de Diógenes entonces.
Heroína: Boludo!!! Boludo!!! No entendés nada. Ernestito….! MI Ernestito! El es el ocaso! El es la nieve! El es el miedo! El! Deyectando círculos de lamentos en su inocencia asesina, él es el DOLOR!

V
Diógenes

“Nosotros no hablamos claro, no sabemos hablar, interpretamos los símbolos que nos dedicamos, nos amamos, y quizás también nos tememos.”

VI
Visión de Ernesto

Ernesto permanece tendido sobre su cama que huele a sábanas recién lavadas. Son las siete y media de la tarde de un día de invierno. Afuera ya está oscuro. Mira el techo con las manos en la nuca. Trata de comprender qué lo rodea. La mesa de luz de algarrobo y sobre ella el velador chiquito y su luz anaranjada. El placard al que le faltan las puertas. La computadora encendida. A sus padres discutiendo en la cocina. A Diógenes, que en ese momento deambula triste por el barrio pensando en Juana. A él mismo, y tiene once años. Qué es él? Nunca tuvo miedo de sus sueños. Hace poco les cambió el nombre: los llamó visiones, como supo que los llamaban los profetas. Trata de comprender el concepto de lo que es VER. Sabe que debe entender bien esto antes de hablar, entonces trata de rememorar. Las imágenes acuden a él sin esfuerzo. Ernesto ve sangre y agua. Y una cabellera rubia. “Juana”, se dice con voz tenue pero firme. A él la voz jamás le tiembla, y no le temblará tampoco cuando pronuncie su discurso ante sus víctimas. Y sin embargo, Ernesto no quiere matar, a esto sí le teme. Para de pensar un segundo para intentar escuchar lo que se gritan sus padres. Se concentra otra vez y la ve a Juana claramente, inerte y pálida, hermosa, sumergida en agua y sangre: ella es la heroína de su historia que sabe pronto será la historia de todos. Ella, la virgen. Y la gente llorará: Juana…
Se abre la puerta del cuarto y entra Diógenes.



VI
Un narrador

Dolor. Dolor inconcebible. Pero quiero más. La razón y los hechos me niegan un motivo. Es el dolor por el dolor mismo. Lo que te dije en el tren, supongo que es casi cierto. Sabés lo absurdo que es cargar sobre la espalda un pecado que no tiene nombre? No puedo confesar “hice esto”, pues no hay forma de llamarlo. No tiene nombre. Y ese peso me aleja más y más, año a año, del mundo de los hombres y ya no puedo yo ser “amigo de”, “conocido de”, “músico”. Nada de eso. Moriré sin haber experimentado nunca la vulgaridad, o mejor dicho, la idiosincrasia de ser humano. Y esto, quién puede comprenderlo? Una mujer que en un rapto de esperanza me ama? Buscá las causas de mi dolor y no hallarás nada. No me han hecho nada, no he tenido en mi vida más o menos amor y ternura que el hipotético promedio. Y, sin embargo, sufro con cada día que se pierde futil, pero me quedo sin hacer nada por mañana. Siempre puedo hundirme más en mis retorcidos efluvios mentales, y también parir luz de la nada y amar como nadie puede hacerlo. Te di mi amor, el más grande que jamás alguien te dará. Es lo mismo, dentro de seis meses recordaré con nostalgia la luz y la basura por igual y por ambos lloraré. Toda mi vida ha sido así, un nene triste al que los adultos elogian y creen ver feliz. Un nene que se sabe diferente de todos sus compañeros. Sabe que es más inteligente y más sensible que ellos, pero igual les teme. Teme que se den cuenta ( y se dan). Queda afuera de cualquier grupo o es admitido por lástima y tratado como un idiota. A fin de cuentas, ni siquiera le interesa. Aislamiento. Arlt filtrado:
Tengo algo que decir acerca de los humanos: los hombres han perdido la costumbre de mirar las estrellas. Incluso, si se examinan sus vidas, se llega a la conclusión de que viven de dos maneras: unos falseando el conocimiento de la verdad y otros aplastando la verdad. El primer grupo está compuesto por artistas e intelectuales. El grupo de los que aplastan la verdad lo forman los comerciantes, ejecutivos, militares y políticos. Qué es la verdad? La verdad es el hombre. El hombre con su cuerpo. Los intelectuales, despreciando el cuerpo, dicen: busquemos la verdad, y llaman eso a especular sobre abstracciones. Y así se han escrito libros sobre todas las cosas. Sobre la psicología del que mira volar un mosquito! A su vez, comerciantes, industriales, militares y políticos aplastan la verdad, es decir, al cuerpo. En complicidad con ingenieros y médicos dicen: el hombre duerme ocho horas. Para respirar necesita tantos metros cúbicos de aire. Para no pudrirse y no pudrirnos a nosotros, que sería lo grave, son indispensables tantos metros cuadrados de sol, y con ese criterio fabricaron las ciudades. En tanto, el cuerpo sufre. Vos te das cuenta lo que es el cuerpo? Vos tenés un diente en la boca, pero ese diente no existe en realidad para vos. Vos sabés que tenés un diente no por mirarlo, mirar no es comprender la existencia. Vos comprendés que en tu boca existe un diente porque el diente te proporciona dolor. Todo percibir del cuerpo es dolor, en mayor o menor grado. Bueno, los intelectuales esquivan éste dolor del nervio del cuerpo, que la civilización ha puesto al descubierto. Los artistas dicen: este nervio no es la vida. La vida es un hermoso rostro, un bello crepúsculo, una ingeniosa frase. Pero de ningún modo se acercan al dolor. A su vez, los ingenieros y los políticos dicen: para que el nervio no duela son necesarios tantos estrictos metros cuadrados de sol, y tantos gramos de mentiras poéticas, de mentiras sociales, de teorías psicológicas, de mentiras noveladas, de esperanzas para dentro de un siglo…, y el cuerpo, el hombre, la verdad, sufren…, sufren porque mediante el aburrimiento tienen la sensación de que existen como el diente podrido existe para nuestra sensibilidad cuando el aire toca el nervio.
Para no sufrir habría que olvidarse del cuerpo, y el hombre se olvida del cuerpo cuando su espíritu vive intensamente, cuando su sensibilidad, trabajando fuertemente, hace que vea en su cuerpo la verdad inferior que sirve a la verdad superior. Aparentemente estoy en contradicción con lo que decía antes, pero no: nuestra civilización ha hecho del cuerpo el fin, en vez del medio, y lo han hecho tanto fin que el hombre siente su cuerpo y el dolor de su cuerpo, que es el aburrimiento, y finalmente, la apatía. El remedio que ofrecen los intelectuales, el conocimiento, es estúpido. Si vos conocieras ahora todos los secretos de la mecánica, la ingeniería, la química, o incluso la filosofía o la medicina, no serías un ápice más feliz de lo que sos ahora. Porque esas ciencias no son las verdades de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo tiene otras verdades. Es en sí mismo una verdad. Y la verdad es el río que corre, la manzana que cae. El postulado de Newton y todo eso, es la mentira. O ponele que fuera verdad. El postulado no es la manzana. Esa diferencia entre el objeto y la definición es lo que hace inútil para nuestra felicidad las verdades o las mentiras de la ciencia. Los que sufrimos esa mierda, en cambio, conocemos verdades idénticas, somos todos iguales. Es una ley: los hombres que sufren llegan a conocer idénticas verdades. Hasta pueden decirlas casi con las mismas palabras, como los que tienen una igual enfermedad física.

V
Ernesto

“Decidí pensar en orquídeas, y en que quizás el sol mañana deslumbraría a algún prisionero de sí mismo, de la pelota - mundo y de la mismísima erupción volcánica que ató sus pies a ella y mis manos a este conjuro contra la cordura” “prisioneros del olvido, no se preocupen, que alguien los va a venir a buscar y les va a enseñar que seguramente ustedes han venido fallados, pero que esa es la clave para ser. Siéntanse. Cálmense. Agítense. Vean cosas, imágenes propias intransmisibles por su calidad de inexistentes, inmostrables no por falta de talento o recursos artísticos, sino porque existen en una dimensión inasible de nombrar, como mi pecado. Dénse arte puro, ese que solo puede existir en el alma, el que se deforma cuando se plasma en papeles, telas o canciones. No se mezquinen sus maravillas. No sean como ese sol que ennegrece las playas por donde transitan mis plegarias. Quiéranme fantasmas, quiéranme pecados, quiéranme.”

Daré gracias a Dios Todopoderoso si salgo de aquí sin haber perdido el gusto.

Gabriela dijo...

Pasifai se llama la chiquilla flaquilla de Tapachula, bailarina de ballet (Pasyphae o algo asì) que conocì en Hispanic, manejaba un carro azul y su novio uno color acero. Ella era supervisora de calidad en el call center pero un fin de semana su papà cardiòlogo que todo le regalaba se fuè de viaje a un congreso de algo y entonces ella quiso usar el carro de èl y lo chocò, pero no querìa que èl viera el golpe y ella ni su novio tenìan un centavo. Les paguè el golpe, 500 pesos y me diò su reproductor de emepetreses con grabadora de voz, el olympus dm-1

Ay no, lo voy a extrañar. Tenìa grabadora de voz y hasta 10 horas podìan tenerse en tres diferentes folders. Imagina què fàcil hubiera sido grabar clases en tu escuela con una de esas y asì no tener que tomar notas. O yo què se. Tenìa sus baterìas recargables y su recargador de pilas.

Pero pues solo son cosas, dicen. Debe haber cosas màs importantes. O cosas mejores. De todos modos ya era hora de que me consiguiera uno màs pequeño. Esa grabadora ocupaba mucho espacio y ademàs la tarjeta era de solo 64 megas y no le cabìan muchas rolas sin el software y ya de tantos golpes nomàs sonaba de un lado. La bocina tenìa un falso contacto y asì.

Pero lo voy a extrañar.

Trompetista de Falopio dijo...

Graciela ¿on tas? Mbmbmbbuaaaaa. No, perdón, qué chingados, este es tu blog, puedes abandonarlo y desaparecerlo cada que se te pegue la gana. Saludos.

Cerillo dijo...

No soy de su generación, lo digo para que sepa al dictado lo que sabría con solo leerme y más con este grupo de redactores barrocos, que son todos ustedes. Sé que soy un ganso, pero no importa, y que me meto donde nadie me llama, pero me parece que de hecho es de lo que se trata. Aquí se debe asumir que te toca lo que quieres y también lo que no quieres y luego callar o echar pestes o lo que sea. Uno de lo que sea, es salir por el foro o vivir en las sabrosas alcantarillas.
No aprendí a escribir porqué nunca lo hice (analfabetismo redactor). Si a leer y leí y me aburrí tan soberanamente que lo dejé. Me debió faltar perspicacia y voluntad para encontrar lo que valía la pena leer, siempre fui caótico y vago y huí de tanto trabajo. Todo este redactado de ardua elaboración solo para intentar evitar que se molesten y para comentar lo siguiente:
Vuelvo encontrar el gusto a la lectura en pequeños retazos de algunos blogs privilegiados, o mejor aún, en la sintética concisión o ironía de algunos comentarios, como el suyo en la Trompetista de Falopio aunque parezca un epitafio. No le tocaría a usted callar, ni tener problemas de identidad, ni personalizarse alejándose del tumulto de los blogs, ni desaparecer. Claro que es una decisión suya y se debe respetar, y si no la respetásemos, pues daría igual.
Desaparecer del mundo social, mejor aún, del mundo de la fama tiene defensores y militantes también en la literatura y, esta es la causa por la que le dejo este comentario. En esta novela se habla exclusivamente de este asunto. Léala, igual le gusta:

http://www.elpais.es/articulo/20050903elpbabnar_2/Tes/elpbabnar

Sobre al asunto de los azotes no se flagele sola, podemos azotarla un gremio entero de admiradores. También podemos montar un blog escondido en estos comentários

Conteste

exquisita criatura dijo...

odio los comentarios largos... bueno, no tanto.

Cerillo dijo...

Así, en plan melodramático, toda una vida puede resumirse en un comentario, el epitafio, y dada la magnitud de la tragedia debes de tomarlo en serio. No tengo ya memoria y de los muchos que leí solo me quedó uno, el chistoso. Te lo dedico.
¡¡¡RIP, RIP, RIP, HURRA!!!
Con esto quiero decir que todo es importante, pero no tanto y por ahí andamos nosotros tragicómicos y frágiles, por mucho pecho que saquemos. Cada vida tiene su cuento. Estoy seguro que tu cuento será sabroso.

Ligeia dijo...

Siempre es bueno leer y desgustar un buen escrito...

Casiopea dijo...

nunca falta el tedio, la indiferencia, o las ganas de no hacer nada.....

Anónimo dijo...

toc, toc...

tapetazo soplará y soplará dijo...

(ese que tocó su pánica puerta fui yo)

Andrómeda dijo...

No hay nadie, pero está abierto, pása y siéntate, con confianza. Mi casa es tu casa.

Anónimo dijo...

¿Regresarás pronto? La pregunta adecuada tal vez deba ser ¿Regresarás?.

Cuidate mucho (haciendo lo que sea que estés haciendo).

Cerillo dijo...

Vengo, me siento, espero, leo y me voy.

Un verso

Debo ir
Marchar
Andar bajo los tilos

Debo volver
acercarme a tu lado
y otra vez
repetir los pasos,
contarlos apurando,
siempre sin descanso

Pola dijo...

¿Cómo? ¿ya cerraste el changarro?...NO!!!! esta era una de mis paradas favoritas en la blogósfera mmmmm.

Andrómeda dijo...

Gracias, Pola, pero no, no está cerrado, lo que pasa es que me quedé con una computadora sin cabeza y una cabeza sin perro. El blog está como de vacaciones forzadas.