domingo, marzo 04, 2007

Uno (espantos de marzo)

De nada serviría dar razón de por qué jamás me asomo de noche por una ventana o nunca contesto el teléfono de casa o evito constantemente mirar al cielo en las noches claras o no contemplo fijamente cuadros e imagenes religiosas o tantas cosas que hago o dejo de hacer movida por el miedo irracional y único de ver un espanto, un duende, un alien, un niño rata o alguna de esas cosas que de un susto me puedan matar. Inutil sería dar razón. Inutil también hablar de eso, pero lo hago para no sentirme sola, para dar constancia. Ellos han empezado a contar.

Por mucho tiempo, desde niña, al no poder dormir pensaba en todas las cosas horribles que podría ver y escuchar, lo que no representaba lo más terrible de mis ideas, sino el saber que al día siguiente lo contaría y nadie me iba a creer. Supongo que por eso el miedo a los espantos es más fuerte en soledad, pues encima de todo no habrá nadie que sustente el horror; además de saberse uno mismo endemoniado, los demás te supondrán loco, qué podría faltar.

Otra cosa terrible con esto de la malahora es la incertudumbre. Nunca se sabe de dónde ni cuándo vendran los monstruos, hay que estar siempre en estado de alerta (como el gato) y tener constante temor. Pasa incluso con los espantos de casa, con los que uno ha vivido siempre, esos que se saben ahí, agazapados, haciendo algunos ruidos, moviendo sutilmente cosas; uno se acostumbra a ellos, pero tarde o temprano tendrán que hacer algo grande, saldar sus cuentas, contar su historia. Ni los espantos hogareños son de fiar.

En una casa que es más mía que la mía, donde viví alguna vez y siempre he estado más tiempo que en ningún otro lugar, hay uno de esos fantasmas tranquilos, que se escuchan bajito bajito, que de pasada se ven, que se sientan en la cama, abren las puertas, cierran las ventanas y realizan todas esas labores simples de espantos de ciudad.

Hace tiempo reveló en un sueño que su nombre es Efraín; primer movimiento tosco. Él, que solía ser tan sutil, ahora hasta su nombre nos daba. No la escuchábamos, pero desde entonces comenzó la alarma a sonar.

Anoche dijo algo al oído de quien duerme en el cuarto donde está la cama en la que él se sienta a descansar de no sé sabe qué trajines. Anoche, durante una vigilia, habló.

Efraín ha dicho una cosa terrible, imagino la peor que un espanto tranquilo puede comunicarle a sus otros. Efraín al fin abre puertas de entrada y cierra ventanas para que no podamos escapar. Ha dicho fuerte y claro en el oído de alguien: "Uno". Él ya ha empezado a contar.

En adelante, estando en esa casa buscaré siempre el ruido, miraré lo menos posible y, con la espalda siempre pegada a la pared, esperaré resignada a ver qué va a pasar.

Escalofríos. Efraín dijo "Uno"...

Pánico, horror. Miedo infantil e irracional, lo sé, pero escalofríos. Inutil dar razón.





¿Qué cuenta comienzas? ¿Qué va a empezar o, peor, a terminar?



Uno, dos, tres, punto y coma... el que no se esconda se embroma.




No, yo no quiero jugar.

15 comentarios:

ÍO dijo...

¿sabes qué es lo verdaderamente aterrador? que no es que esté empezando la cuenta, sino que no lo hayan escuchado antes y este sea el último número para el principio (?) o el final (?) de algo.

Cerillo dijo...

Los rostros del miedo percibidos con fruición y desasosiego desde los rituales infantiles se solapan en nuestro propio cuerpo. Reinan en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu. Se montan juergas descriptibles que tu registras minuciosamente.

Trompetista de Falopio dijo...

Cuando uno ve o escucha esas cosas
a) Alucina
b) Está frente a una ruptura en las leyes de "lo real"
¿No te parece que ambas cosas son igualmente aterradoras?
Ahí tenemos el aterrador caso de Alejandra Ávalos, a quien el fantasma de la Doña le dijo "tú eres la nueva doña."

Trencitas rubias dijo...

Jajajajajaja, Alejandra Ávalos. O como cuando a Marc Anthony se le apareció Rocío Durcal en un sueño para dictarle una canción que escribió desde ultratumba para él. Jesús.

Cerillo, El miedo viene de lejos, sí.

Ío, oh, una cuenta regresiva que ya terminó, Dios, no lo había pensado así. Qué terrible, sí es peor así. No hay tiempo de preparar nuestro bunker metafísico. Ora sí ya valió.

Rosángela dijo...

Este blog me asusta.

Trencitas rubias dijo...

A mí me asustan las x'mahana (¿o cómo era?).

Te dije que no iba a durar.

ÍO dijo...

que lástima que esté tan j*dida**nte ocupada y no alcancé a leer todas las cartas :S eres muy buena...

Trencitas rubias dijo...

Gracias, ÍO. Y, pues sí, de unas me acobardé y otra ni tenía caso, por eso se fueron como vinieron, pero cumplieron su objetivo y al menos Rosángela y tú las (medio) leyeron. Cerraron su ciclo y ya pueden andar a sus anchas por la dimensión de las cosas desdichas, omm. Decir y luego retractarse es lo de hoy. Bendito blog.

Rosángela dijo...

Yo los copié...que me das a cambio de que nos los publique?

...no acepto tu volcho a cambio.

Gran Fornicador dijo...

Luego, a uno le empiezan a dar miedo cosas más de este mundo: lo malo en los demás, o en uno mismo, o el hecho de que al final no hay malo ni bueno. Diría que eso asusta más, pero esto asusta mejor, porque hace falta algo de poesía que el miedo mundano no tiene. Pero al fin y al cabo, creo que resulta siendo lo mismo: ambos se acercan subrepticiamente, ambos nos aislan. Yo me callo, no sea que nos perdamos el "dos".

Trencitas rubias dijo...

Rosángela, pues tengo un muestrario de bordado monísimo que hice en la secundaria. O te puedo dar tips de macramé. Ah, ¿verdad? Mejor no empezamos a utilizar lo que sabemos de la otra. Lero lero, estoy bien protegida.

Tirso, eso da, más que miedo, tristeza, desesperanza, yo no sé. Pero mejor creer y hacer un tranquilizador sonido de mar.

carito dijo...

Jaja, el primer dia que estuve en esa habitacion sobrevivi al miedo, ahora creo que no podria estar.

Andrómeda dijo...

Carito, anda vuelve, yo te cuido del Fresco, te cocino y te llevo a pasear.

Isaac dijo...

Chale, según yo había puesto un comentario en este post...
No recuerdo ya lo que decía... pero bueno, me gusta mucho este blog.

Andrómeda dijo...

A mí a veces se me olvida lo que iba a comentar porque me quedo pensando en la palabra de verificación y luego me voy sin poner atención en si comenté o no comenté y todo es una confusión. Somos una generación bien dispersa.