miércoles, abril 04, 2007

Yo no digo que vengas, que estés ya aquí, que has venido.
Pero me niego a negar la espera de tu venida.
Déjame esperarte. He nacido para esto.
He caído en la trampa de esta espera y sin duda soy feliz.

En cierta forma (pero esto es falso, en realidad es en todas las formas, en la única forma), me gusta que lo que quiero esté lejos. Que se anuncie, pero que nunca termine de llegar. Así, siendo distante la posibilidad de tenerlo, se afianza la seguridad (que es, en principio, necesidad) de no perderlo.


Muy valiente no soy.

Es como en el final de El amor en los tiempos del cólera:

-¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo?-le preguntó.
-Toda la vida-dijo

Si pisamos tierra, es posible que sobrevenga la calamidad.

Sabiendo que siempre voy a perder, sobre ciertas cosas, prefiero que se queden en el deseo. Yo elijo no arriesgar. Las posibilidades son mi felicidad.

4 comentarios:

es mi nombre Berenice dijo...

Pero marea.

Gilmar Ayala dijo...

Sólo hay una fuerza motriz: el deseo. Aristóteles.

Trompetista de Falopio dijo...

A veces creo que lo feliz tiene que ver más con la búsqueda, o con el momento del hallazgo. Lo que viene después: puro guarumo, purrún.

Oiki dijo...

La vida es un camino que no puede dejar de caminarse, sea hacia un solo destino o hacia uno tras otro.